El Observatorio Astronómico del Colegio Leonardo da Vinci cuenta desde ahora con una nueva ventana simbólica hacia el cosmos. Se trata de un mural colectivo realizado por estudiantes de la Extracurricular de Astronomía de Media y Liceo, una obra que fusiona arte, ciencia y trabajo colaborativo, y que refleja la curiosidad y creatividad de quienes se atreven a mirar más allá de nuestro planeta.
La iniciativa nació de una propuesta conjunta de los propios estudiantes, quienes identificaron un amplio lienzo en blanco ubicado en el costado oriental del primer nivel del observatorio como el espacio ideal para materializar sus ideas. Tras recibir el apoyo y el visto bueno de los coordinadores, el proyecto tomó forma y dio inicio a un proceso largo y cuidadoso que incluyó planificación conceptual, investigación científica y ejecución artística.
En total, 13 estudiantes participaron activamente en la realización del mural. Cada uno eligió un objeto astronómico para representar, mientras que otros asumieron la compleja tarea de crear el fondo que evoca la inmensidad del espacio-tiempo. Manolo Pretelt y Emilio Díaz se encargaron de pintar el muro de negro, color finalmente elegido por su capacidad para representar el vacío y la profundidad del universo. Dada la magnitud del mural, Alejandro Angulo se sumó posteriormente para apoyar esta labor. El resultado es una escena que simula una gran ventana cósmica desde la cual es posible observar distintos objetos del universo.
Uno de los primeros elementos en ser definidos fue la Vía Láctea. Martina Gómez y Hanna Brahim utilizaron la técnica del salpicado para representar nuestra galaxia, compuesta por aproximadamente 300.000 millones de estrellas. Con tonos amarillos y blancos lograron transmitir dinamismo y profundidad, destacando el centro galáctico como se observa desde la Tierra. Ambas estudiantes coincidieron en que uno de los mayores retos fue dimensionar la enorme cantidad de estrellas que rodean el núcleo galáctico, lo que las llevó a extender el trabajo más allá de lo planeado inicialmente.
El mural también incluye un asteroide ficticio llamado Omma, creado por Lucas Chiappe. Con un diámetro aproximado de 40 kilómetros y una velocidad estimada de 200.000 km/h, el asteroide parece ingresar a la escena desde la ventana cósmica. Esta representación conecta directamente con las experiencias de la Extracurricular de Astronomía, en las que los estudiantes han participado en campañas reales de búsqueda de asteroides organizadas por la International Astronomical Search Campaign (IASC), utilizando imágenes de los telescopios Pan-STARRS en Hawái. En marzo de 2026, el grupo logró identificar más de 20 objetos en movimiento, convirtiéndose por momentos en auténticos astrónomos ciudadanos.
Dentro del paisaje galáctico destaca también una nebulosa de emisión, M12 NGC, realizada por Manolo Pretelt mediante una combinación de pinceladas y difuminado manual. A su lado, Giorgio Bindi representó la Estación Espacial Internacional, el objeto más costoso jamás construido por la humanidad y símbolo de la cooperación internacional en la exploración espacial.
Los viajes espaciales están representados por dos cohetes. Lorenzo Vargas Lucci ilustró el Space Launch System (SLS), correspondiente a la misión Artemisa II de la NASA, un paso clave en el regreso de misiones tripuladas a la órbita lunar. Por su parte, Juan Martín Erazo se inspiró en los grandes cohetes del Transbordador Espacial, sistema que marcó un antes y un después en la historia de la exploración espacial y cuyo legado continúa vigente en programas actuales.
Entre los planetas, Santiago Uribe asumió el desafío de pintar Saturno, destacando la complejidad cromática del planeta y sus característicos anillos. Alejandro Angulo representó a Júpiter, el gigante gaseoso del Sistema Solar, resaltando uno de sus rasgos más emblemáticos: la Gran Mancha Roja. Ambos trabajos aportan escala y diversidad al mural.
La historia de la exploración espacial también está presente con la representación del Sputnik 1, el primer satélite artificial lanzado al espacio en 1957, obra de Santiago ZakZuk. Este objeto dialoga visualmente con la gran cantidad de satélites actuales, recordando la evolución tecnológica de la humanidad.
Uno de los elementos más impactantes del mural es el agujero negro de la galaxia M87, pintado por Juliana Rodríguez. Inspirada por su reciente investigación sobre el tema, Juliana quiso transmitir la idea de que incluso lo invisible puede ser alcanzado por el conocimiento humano. Finalmente, la Tierra fue el último objeto en ser plasmado, esta vez por Valentina Sánchez, quien representó nuestro planeta como hogar único conocido de vida.
La culminación del mural es el resultado de la suma de esfuerzos individuales puestos al servicio de un objetivo común. La obra evidencia el compromiso, la creatividad y la capacidad de trabajo colaborativo de los estudiantes, así como el respaldo de las directivas del colegio, que promueven proyectos interdisciplinarios de largo alcance.
Astronomía, arte y literatura —científica y fantástica— convergen en este mural como lenguajes que invitan a la reflexión y al asombro. Una invitación permanente a mirar al cielo con curiosidad y a preguntarnos por el futuro de la humanidad más allá de la Tierra.
Ángela Patricia Pérez Henao
Profesora del Observatorio Astronómico, Colegio Italiano Leonardo da Vinci